martes, 15 de diciembre de 2009

Mírame

Cuando me lo dijeron no me lo podía creer. La chica que tanto te gusta estuvo en la inauguración. No puede ser. Aquel día, yo estaba allí.

Trabajo como fotógrafo para una revista de arte. Me encargo de inmortalizar a aquellos que van a las exposiciones, a los artistas que luego acompañarán la debida reseña dominical, incluso, a veces, me toca cubrir festivales de teatro y artes escénicas, lo cual me resulta mucho más entretenido. Sin embargo, a la hora de fotografiar prefiero hacerlo en la intimidad y a una sola persona. Monográficos. Chicos y chicas, normalmente de mi edad - no me atrevo aún con la majestuosa dignidad de algunos ancianos; siento que les traicionaría - posan a menudo para mí, y, de vez en cuando, expongo en la galería de un amigo. He vendido algunas fotos y me han pagado bien.

Una de las modelos era tan hermosa... La mayor parte de las fotos que me han comprado son de ella. Posó para mí una noche de verano, de esas en las que llueve tanto, y el agua caliente del suelo se evapora y todo huele raro, no a tierra mojada, sino raro. Habíamos bebido un poco y mi casa estaba al lado. Subimos para resguardarnos del diluvio. Se entretuvo largo rato mirando mis fotos, y fue ella la que me pidió que, le hiciera una sesión.

LLevaba un vestido blanco con un infantil estampado de helados, estaba empapada. Se sentó en un sofá negro al lado de una ventana. Las gotas resbalaban por el cristal filtrando la luz que luego recorría su cuerpo. Se le marcaban los huesos de los hombros y los pezones, pequeños y oscuros, se insinuaban entre los helados como pepitas de chocolate.

Amaneció en seguida. Cuando estuvo seca del todo se levantó y dándome un abrazo especialmente largo y fuerte, me agradeció una noche tan agradable.

Se que ella ha comprado una de las fotografías. Mi amigo, el galerista, me lo dijo. No la he vuelto a ver. Ya es octubre. Y aquel día estuvo allí, en el museo. Y yo también. Toda la tarde haciendo fotos y no la vi. Esta mañana en un momento de lucidez, he buscado entre las imágenes que tomé esa tarde. Y allí estaba. Claro que estaba. Sola. Paseando entre la gente. En una de ellas incluso me miraba directamente. Y yo, parapetado tras la cámara como un animal asustado.

Dos dimensiones. Para mí, ella será siempre en dos dimensiones. Las redondeces, las hendiduras, los pliegues, el volumen en el espacio... todo eso está ya lejos. Ella me seduce una y otra vez desde el plano. Tendida en el sofá. Regocijándose en su inmovilidad y condenada para siempre a esa media sonrisa.


viernes, 11 de diciembre de 2009

...

A los gordos no se les pregunta: ¿Y tu porqué estas tan gordo? No se les dice: ¿Sabes? Me he dado cuenta de que eres obeso.

¿Porqué todos creen tener derecho a opinar sobre mi silencio, en mi cara?

No comprendo la omnipresente obligación de entretener al prójimo. Esa manía colectiva al silencio.

jueves, 26 de noviembre de 2009

Una vez teoricé...

Lo ideal siempre ha sido y será alcanzar:

La asexualidad.
La insensibilidad absoluta por los sentimientos.
El placer y diversión por el mal ajeno.

Hay tanto mal en el mundo... lo pasaríamos estupendamente.

martes, 10 de noviembre de 2009

Solos

Habíamos dejado la estación a las 12:23. Viajábamos de pié ya que no había asientos libres en el tren, que traqueteaba violentamente. Como una flecha, atravesábamos montañas y cruzábamos ríos construyendo túneles y puentes a nuestro paso. Siempre en línea recta.

Su reloj marcaba las 12:05. Estaba solo. Tenía un cuerpo fuerte y bien formado, aunque aún se intuía ese desgarbo tan propio de los adolescentes que intentan dejar de serlo. No creo que llegara a los veinte años. Miraba con curiosidad por la ventanilla y su mirada tenía un ligero rastro de temor. Parecía el tipo de chicos duros y luchadores que pueden llorar a moco tendido por una mujer. El llanto más antiguo de la historia del hombre.

En determinados momentos de la vida tenemos que saber estar solos. Debemos elegir estar solos, para en el momento en el que no tengamos más remedio que estarlo, hayamos aprendido bien la lección. Cuatro por tres: doce, cinco por cinco: veinticinco, dos por uno: dos y uno por uno: uno. UNO POR UNO: UNO.

Yo estaba sola por elección. Él, por obligación. Nos mirábamos y pensamos el uno en el otro.Yo en su cuerpo, y él en mis ojos, tan abiertos.

Su reloj marcaba ahora la 1. En pocos minutos llegaríamos a la estación. A a las 2.

Furtivamente, le miré. Y él, abstraído con su pensamientos, sonreía embelesado. Pensaba en la hermosa joven que no llegaba a los veinte años y que ahora consultaba la hora en Trafalgar Square: la 1 del mediodía.

lunes, 18 de mayo de 2009

Instrucciones

"Qué hacer cuando llegue el fin del mundo" decía el folleto del viejo sentado a mi lado.

15 min para que llegara el siguiente tren. No encuentro las canciones de Beirut que me gustan. ¿Seré capaz de haberme metido toda la discografía en el ipod excepto mis dos canciones preferidas? Jo, porqué seré tan retrasada...

Al viejo no le interesaba mucho el folleto, después de mirarme sonriendo durante un rato - que le he vsto por el rabillo del ojo - se ha cansado y ha empezado a dormitar con la cabeza colgando y la boca abierta, sí, con un hilo de saliva saliendo de ella.

Al otro lado de la vía, justo en el banco de enfrente una pareja se besaba y a su lado una gorda con la mirada perdida se hurgaba la nariz. Ojalá hubiera tenido el cuerpo como para reírme, porque me entraron muchas ganas.

En ese momento una joven negra con ropas coloridas empezaba a recorrer el andén cogeando y murmurando algo. Cada dos pasos se paraba delante de alguien, que sistemáticamente negaba con la cabeza. ¡Por favor, que alguien le diga que sí!Que le den un euro o lo que sea. Entonces llegó a la altura de la gorda, que dejó su tarea (por lo menos tuvo esa delicadeza) para negar también. Y los enamorados negaron al unísono. Y así llegó al final del andén y se dió la vuelta con la cabeza baja, y pasó por delante de todos otra vez, humillada.

Creo que voy a llorar.

Y lo peor es que dentro de una hora, ¡qué digo una hora! 10 min, me habré olvidado para siempre de ella. Bueno, no sé si eso es lo peor o lo mejor de todo.

Ha llegado el tren. Subimos todos, mi amigo viejo se despierta y sube también sentándose enfrente. Un sudamericano se duerme a mi lado y empieza a darme codazos mientras sueña. Dios, casi me da un manotazo en la cara. ¿Porqúé no pueden dejarme todos en paz?

Delante de mi el fin del mundo. Qué hacer cuando tu novia te deja por otra. Más guapa, más alta, más delgada, más todo.
Delante de mi el fin del mundo, uno arrugado y baboseado por un viejo verde.

jueves, 14 de mayo de 2009

Por favor, ¡ya!

¡Dios mío!Creo que estoy empezando a obsesionarme con sus piernas.
En clase las siento, sé que están ahí. Y me estan mirando ¿Y qué hacer? ¿Seguir tomando apuntes como si nada?
Además, llega el verano. Cuánto más se acerca, más se acortan sus faldas. Y cruza las piernas, y se las acaricia. Seguro que lo hace para provocarme, la muy perra.
El otro día consintió en venir al cine conmigo. Menos mal que yo ya había visto la película, porque no fui capaz de concentrarme. No me hubiera enterado de nada.
Entonces, tomé aliento, cogí fuerzas, y lo hice: le puse una mano en el muslo. Delicadamente, como si no se fuera a enterar, pero las dos sabíamos que era inevitable. La pantalla desapareció. ¡Qué vergüenza!¿En qué momento se me ocurrió hacer esto? Jo, pero que tacto tan agradable...


Tengo miedo.

domingo, 26 de abril de 2009

Lo que nos queda por recordar.

Se nos ha olvidado, cariño.

Quién tomó la decisión.
Quién besó primero.
Quién decidió que era el momento adecuado para meter la mano en mi ropa interior y sentir la humedad.
O si fuí yo.
O fuíste tú.
O fueron mis dedos, nuestro sudor o tus pestañas quienes soltaron un gémido estremecedor justo antes de correrse.
Quién imaginó congelar la fiesta para poder decir en voz baja te quiero. Y quién lo dijo gritando en el momento que quitaron la música.
Y de dónde ha salido este mordisco en la ingle.
Ese recuerdo se me ha quedado en el fondo de la vagina.
¿O de la copa?

¿Cuándo recordaré que no eres tú el que está en mi cama?
Hoy no. Y seguramente mañana tampoco, pero me gusta que sea así
.

viernes, 24 de abril de 2009

¡Una de enamoramiento, por favor!

Hoy he comenzado un experimento psicológico, sobre el amor, la autosugestión, un experimento psiquiátrico. Sí, me voy a enamorar de mi amiga Marta. Ya lo he decidido. Yo tengo que hacerlo primero para que ella se enamore luego de mí. Todo está preparado. Debidamente organizado y planeado. Con elegancia, con estilo. Fecha, hora, quien besará primero... todo es quedar y hablarlo. Nada se puede dejar al azar. Porque la elegancia en el amor siempre es resultado de una premeditación neurótica.

Hoy hemos ido a ver una exposición de fotografía, y creo que ya he notado los primeros síntomas. Mientras miraba las fotos, solo pensaba en que ella estaba detrás de mí. Yo hablaba y ella reía. ¿Sería una risa falsa?¿por compromiso? Le he hecho sonreir. Era una sonrisa sincera, estoy segura.

Y sus labios, pensaba en sus labios. Seguro que se ha dado cuenta que la he mirado demasiado.

Me he puesto nerviosa cuando ha llegado el momento de despedirnos. Un beso en la mejilla, ¿o los dos protocolarios...? menos mal que ella es muy resuelta (sí, como aquella enana en bicicleta que vimos una vez en Berlín, tan resuelta ella).

Que tarde tan agradable, y hemos pensado como serán las fotos que haremos mañana. Y en que no nos preocupa no trabajar en lo que nos gusta, que solo queremos ganar dinero; Y ganar tiempo, para saber que es lo que nos gusta. Y que película tan aburrida; Si ya lo decía mi amigo el seductor de las migas de pan: no te fíes de ninguna película en la que salga o Ben Affleck o Matt Damon, Dios, y encima esta además estaba escrita por este último. Un helado de vainilla y una crispy chicken.

¿Qué más se puede pedir a la vida? Se me ocurre: una chica preciosa de la que sea muy fácil enamorarse. Y desenamorarse más fácil aún.