lunes, 18 de mayo de 2009

Instrucciones

"Qué hacer cuando llegue el fin del mundo" decía el folleto del viejo sentado a mi lado.

15 min para que llegara el siguiente tren. No encuentro las canciones de Beirut que me gustan. ¿Seré capaz de haberme metido toda la discografía en el ipod excepto mis dos canciones preferidas? Jo, porqué seré tan retrasada...

Al viejo no le interesaba mucho el folleto, después de mirarme sonriendo durante un rato - que le he vsto por el rabillo del ojo - se ha cansado y ha empezado a dormitar con la cabeza colgando y la boca abierta, sí, con un hilo de saliva saliendo de ella.

Al otro lado de la vía, justo en el banco de enfrente una pareja se besaba y a su lado una gorda con la mirada perdida se hurgaba la nariz. Ojalá hubiera tenido el cuerpo como para reírme, porque me entraron muchas ganas.

En ese momento una joven negra con ropas coloridas empezaba a recorrer el andén cogeando y murmurando algo. Cada dos pasos se paraba delante de alguien, que sistemáticamente negaba con la cabeza. ¡Por favor, que alguien le diga que sí!Que le den un euro o lo que sea. Entonces llegó a la altura de la gorda, que dejó su tarea (por lo menos tuvo esa delicadeza) para negar también. Y los enamorados negaron al unísono. Y así llegó al final del andén y se dió la vuelta con la cabeza baja, y pasó por delante de todos otra vez, humillada.

Creo que voy a llorar.

Y lo peor es que dentro de una hora, ¡qué digo una hora! 10 min, me habré olvidado para siempre de ella. Bueno, no sé si eso es lo peor o lo mejor de todo.

Ha llegado el tren. Subimos todos, mi amigo viejo se despierta y sube también sentándose enfrente. Un sudamericano se duerme a mi lado y empieza a darme codazos mientras sueña. Dios, casi me da un manotazo en la cara. ¿Porqúé no pueden dejarme todos en paz?

Delante de mi el fin del mundo. Qué hacer cuando tu novia te deja por otra. Más guapa, más alta, más delgada, más todo.
Delante de mi el fin del mundo, uno arrugado y baboseado por un viejo verde.

jueves, 14 de mayo de 2009

Por favor, ¡ya!

¡Dios mío!Creo que estoy empezando a obsesionarme con sus piernas.
En clase las siento, sé que están ahí. Y me estan mirando ¿Y qué hacer? ¿Seguir tomando apuntes como si nada?
Además, llega el verano. Cuánto más se acerca, más se acortan sus faldas. Y cruza las piernas, y se las acaricia. Seguro que lo hace para provocarme, la muy perra.
El otro día consintió en venir al cine conmigo. Menos mal que yo ya había visto la película, porque no fui capaz de concentrarme. No me hubiera enterado de nada.
Entonces, tomé aliento, cogí fuerzas, y lo hice: le puse una mano en el muslo. Delicadamente, como si no se fuera a enterar, pero las dos sabíamos que era inevitable. La pantalla desapareció. ¡Qué vergüenza!¿En qué momento se me ocurrió hacer esto? Jo, pero que tacto tan agradable...


Tengo miedo.